El engranaje desechable: Auge y caída de Fernando Cerimedo, el operador digital que conectó a la ultraderecha latinoamericana con Washington (Parte 1)
Introducción: Un detenido que desnuda una red continental
El 18 de agosto de 2026, en el aeropuerto de Viru Viru, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, la policía detuvo a un argentino de 45 años que llevaba meses orbitando el Palacio de Gobierno como si fuera un ministro sin cartera. Se llamaba Fernando Gabriel Cerimedo, y su captura no fue un episodio menor: desnudó una infraestructura transnacional de influencia político-mediática que conecta campañas electorales, medios digitales, empresarios de Miami y funcionarios estadounidenses de la era Trump. La acusación inicial —tentativa de feminicidio contra su expareja, la abogada Nadia Beller— fue solo la puerta de entrada. Detrás se acumularon causas por enriquecimiento ilícito, presuntos vínculos con el narcotráfico y una pregunta incómoda: ¿qué hacía un consultor extranjero, sin cargo formal, participando en reuniones de gabinete y codeándose con ministros en actos oficiales?
Este artículo reconstruye, con base en documentos, testimonios y reportes periodísticos, el ascenso y la caída de un personaje que se definía a sí mismo como “consultor político y estratega de marketing digital”, pero que en la práctica operó como un articulador de la ultraderecha regional, con un pie en Buenos Aires, otro en Miami y la mirada puesta en Washington. Su historia no es la de un lobo solitario. Es la de un engranaje —quizá desechable— de una maquinaria que incluye desde Javier Milei hasta Jair Bolsonaro, desde Rodrigo Paz hasta Marco Rubio, y que tiene en la CIA el fantasma que Evo Morales invocó sin aportar pruebas concluyentes, pero con suficiente verosimilitud como para instalar la duda.
Origen: El misterio de Mar del Plata
Fernando Cerimedo nació el 1 de mayo de 1981 en Mar del Plata, Argentina. Poco se sabe de su juventud, y lo poco que él mismo ha contado suena más a guion de operaciones especiales que a currículum de consultor. Según su propia versión, estudió Derecho, pasó una temporada en Puerto Rico y recibió “entrenamiento militar” con los Navy Seals, la fuerza de operaciones especiales de la Armada estadounidense. Ninguno de esos extremos ha sido verificado de forma independiente. Lo que sí está documentado es que, para mediados de la década de 2010, ya operaba en el mundo del marketing digital y la publicidad política, un terreno donde las credenciales se construyen con resultados, no con diplomas.
Su primera gran irrupción pública en el ámbito político argentino llegó de la mano de Javier Milei. Durante la campaña presidencial de 2023, Cerimedo se convirtió en uno de los arquitectos de la estrategia digital del entonces candidato libertario. Su método: combinación de contenido agresivo en redes, campañas negativas contra adversarios y una red de trolls que él mismo reconocería tener a disposición. “Ha reconocido disponer de miles de trolls para influir en algoritmos e instalar temas”, apunta un reportaje de El Mostrador que traza su perfil. Ese reconocimiento —poco frecuente en un consultor— lo convirtió en una figura incómoda incluso para quienes lo contrataban.
Su salto a la esfera internacional fue paralelo a la expansión de La Libertad Avanza como marca exportable. Cerimedo no solo trabajó para Milei: también asesoró campañas de Jair Bolsonaro en Brasil, de Nasry Asfura en Honduras y, más tarde, de Rodrigo Paz en Bolivia. Su currículum regional lo posicionó como el operador digital de cabecera de las nuevas derechas, un rol que él mismo cultivó con apariciones en foros internacionales y una retórica que mezclaba libertad económica, anticomunismo y desprecio por lo que llamaba “el periodismo tradicional”.
El imperio Numen: Miami como centro de operaciones
El corazón empresarial de Cerimedo es Numen, una consultora que constituyó en Argentina en 2021 junto a su esposa, Natalia Basil, y que luego replicó en Estados Unidos bajo el nombre de Numen Advisors LLC, registrada en Florida en mayo de 2023. Según declaraciones del propio Cerimedo ante la Fiscalía boliviana, su empresa estadounidense, Numen Group Inc., le reporta ingresos cercanos al millón de dólares mensuales. La cifra, revelada en el marco de la investigación por enriquecimiento ilícito, resulta difícil de cuadrar con la escala de sus operaciones visibles, pero encaja con el perfil de un operador que factura a clientes de “diferentes países” sin que trasciendan los detalles.
Miami no es una elección casual. La ciudad se ha convertido en el hub logístico y financiero de la ultraderecha latinoamericana en el exilio, un punto de encuentro entre empresarios cubanoamericanos, operadores políticos venezolanos y consultores argentinos que encuentran en Florida un ecosistema favorable: baja tributación, vuelos directos a toda América Latina y una comunidad de inteligencia y contrainteligencia siempre dispuesta a escuchar. Desde Miami, Cerimedo habría establecido “vínculos con operadores y figuras de la derecha estadounidense y latinoamericana”, según un reportaje de Polemon MX que cita documentos societarios.
Su otro vehículo es La Derecha Diario, un medio digital fundado durante la pandemia que posteriormente pasó a compartir propiedad con el empresario español Javier Negre. La Derecha Diario no es un medio de información en el sentido tradicional: es una plataforma de agitación, especializada en lo que sus críticos llaman “periodismo de guerra sucia” y sus defensores presentan como “contraperiodismo”. Desde allí, Cerimedo y Negre construyeron una audiencia regional que les permitió influir en la conversación pública de varios países simultáneamente.
La conexión estadounidense: del MAGA a la CIA
La red de Cerimedo no flota en el vacío. Según un informe difundido por Granma, el diario del Partido Comunista de Cuba, existe “una infraestructura transnacional de influencia político-mediática de derecha en América Latina y el Caribe alrededor de Fernando Cerimedo, que llega hasta el Secretario de Estado”. La referencia es a Marco Rubio, el secretario de Estado de Donald Trump, un cubanoamericano de línea dura que ha sido uno de los principales arquitectos de la política de Washington hacia América Latina en la segunda era Trump.
El vínculo con el entorno MAGA («Make America Great Again», traducido como «Haz a Estados Unidos grande otra vez») no es una especulación. Cerimedo participó en la cumbre del “Escudo de las Américas”, un evento organizado por la derecha estadounidense en el que también estuvo Rodrigo Paz. Fotografías difundidas por Nadia Beller muestran al presidente boliviano y a Cerimedo juntos en ese encuentro, deliberando con otros participantes. La presencia de un consultor extranjero en una cumbre de esa naturaleza, codeándose con jefes de Estado y operadores de Washington, habla de un nivel de acceso que no se corresponde con el de un simple asesor de campaña.
La acusación más grave —y la menos probada— es la de ser agente de la CIA. El expresidente boliviano Evo Morales lo dijo sin ambages: “Cerimedo es un agente vinculado a la estadounidense Agencia Central de Inteligencia (CIA), con operaciones en Suramérica y Centroamérica”. Nadia Beller, su expareja, declaró ante medios que Cerimedo “aseguraba ser agente de la CIA” y que “participa en negocios con personas al interior del Gobierno de Rodrigo Paz”, además de ser “parte de una red de protección de vuelos irregulares vinculados al tráfico de drogas”.
Ninguna de estas afirmaciones ha sido acreditada públicamente con documentos. La CIA no confirma ni desmiente la identidad de sus agentes, y Cerimedo, desde la cárcel de Palmasola, ha negado todas las acusaciones. Pero la densidad de las acusaciones —provenientes de un expresidente con información de primera mano sobre operaciones de inteligencia en la región y de una expareja que compartió su intimidad durante meses— obliga a tomarlas al menos como hipótesis de trabajo. En el periodismo político latinoamericano, la pregunta no es si Cerimedo era o no un activo de Langley, sino por qué tantas fuentes convergen en señalarlo como tal.
Rodrigo Paz: la sombra que se proyectó sobre el Palacio
La relación entre Cerimedo y Rodrigo Paz es el núcleo del escándalo boliviano. Paz, un político de centroderecha que ganó las elecciones de 2025, conoció a Cerimedo a través de su hija, Catalina Paz Urquidi. Según el propio Cerimedo, fue Catalina quien lo sumó al equipo: “Recuerden ese nombre: Catalina Paz, de la nueva generación de consultores que con un teléfono y mucha humildad me sumó a ese equipo”. Catalina había sido alumna de la Academia Numen, el brazo educativo del emporio Cerimedo, y fue ella quien convenció a su padre de contratar al “profesor” para la segunda vuelta electoral.
El resultado fue una relación que, según múltiples testimonios, desbordó el marco de una asesoría de campaña. El vicepresidente de Bolivia, Edman Lara, confirmó que Cerimedo “participaba de las reuniones de gabinete y le daba órdenes a los ministros”. El ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, admitió que Cerimedo era “asesor en temas de comunicación del gobierno”. Imágenes oficiales de la posesión de gabinete de noviembre de 2025 muestran a Cerimedo, con camisa blanca, al costado del palco oficial, junto a la entonces vocera de Gobierno Carla Faval, en un lugar reservado a personal de seguridad y funcionarios.
El propio Paz reconoció que Cerimedo “colaboró en su campaña electoral” y que “al inicio del gobierno” cooperó, aunque negó que tuviera “funciones oficiales” o un contrato formal. “Jamás estuvo autorizado para representar a su Gobierno”, declaró el presidente, en un intento de despegarse de un colaborador que, según el Washington Post, se había convertido en “la sombra del presidente” y generado “un motivo de inquietud en el Gobierno”.
La diputada Sandra Rivero fue más lejos: “Ha sido el asesor en primera línea del presidente (Paz) hasta, estoy segura, el día que lo han arrestado”. La frase resume el problema: Paz no puede admitir que un extranjero sin cargo formal operaba como un poder fáctico dentro de su administración, pero las evidencias fotográficas y los testimonios de sus propios ministros y vicepresidente lo contradicen.
La caída: de la cumbre al penal de Palmasola
La detención de Cerimedo se produjo en el marco de la investigación por el ataque a tiros contra Nadia Beller, ocurrido el 17 de agosto de 2026 en Santa Cruz de la Sierra. Beller, abogada y expareja de Cerimedo, resultó herida y señaló directamente al consultor como responsable. La Fiscalía boliviana presentó una acusación formal por tentativa de feminicidio y solicitó detención preventiva, que fue concedida por 180 días.
Cerimedo, en su declaración ante la Fiscalía, negó los hechos y ofreció una versión confusa sobre su relación con Beller. Primero la describió como “una relación sentimental con muchas idas y vueltas”, luego matizó que se trataba de “una relación más de amistad”. La contradicción no pasó desapercibida para los investigadores, que la interpretaron como un intento de deslegitimar el testimonio de la víctima.
A la causa por feminicidio se sumó rápidamente la de enriquecimiento ilícito. La Fiscalía boliviana investiga el origen de los ingresos que Cerimedo declaró —cerca de un millón de dólares mensuales— y sus presuntos vínculos con redes de tráfico de drogas y vuelos irregulares. La detención del procurador general boliviano, Roger Mariaca, acusado por el ministro Marco Antonio Oviedo de liderar una organización criminal vinculada al narcotráfico, añadió una capa de sospecha sobre la propia institucionalidad boliviana.
El escándalo provocó un terremoto político. El gobierno de Paz, que ya enfrentaba cuestionamientos por su manejo de la crisis, entró en modo de contención. El vocero presidencial José Luis Gálvez afirmó que Cerimedo “no tenía cargo ni oficina en la Casa Grande del Pueblo”, pero las imágenes del acto de juramentación y la tarjeta de presentación que el mismo Cerimedo entregaba a todo aquel que conocía, lo desmintieron. La bancada de Libre solicitó la interpelación de los ministros de la Presidencia, Fernando Aramayo, y de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, por el rol del asesor argentino en la administración.
La red regional: Milei, Bolsonaro y el efecto dominó
La caída de Cerimedo tuvo un efecto dominó en toda la región. Cuatro presidentes se desvincularon públicamente de él en cuestión de días. Javier Milei, que lo había tenido como asesor clave en 2023, aseguró que “desde el 2023 no tenemos vínculo” y que Cerimedo “es alguien que no forma parte del espacio”. Sin embargo, el propio gobierno argentino admitió que Cerimedo ingresó al menos trece veces a la Casa Rosada durante la primera mitad de 2024, un dato que contradice la narrativa del distanciamiento total.
En Brasil, Eduardo Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, había defendido públicamente a Cerimedo apenas seis meses antes de su detención. La relación con la familia Bolsonaro era conocida: Cerimedo había trabajado en la campaña de Jair Bolsonaro y mantenía vínculos con el ecosistema de la ultraderecha brasileña. En Chile, Nadia Beller declaró que Cerimedo “era cercano, tenía proximidad con Kast”, en referencia al líder del Partido Republicano, José Antonio Kast. Numen, la consultora de Cerimedo, también trabajó en Chile durante el proceso constitucional.
La red se extiende por todo el continente: Honduras, donde asesoró a Nasry Asfura; México, donde La Derecha Diario opera como plataforma de agitación; Perú, donde Beller ha expuesto supuestos vínculos con figuras políticas locales. En cada país, el modus operandi es similar: un candidato de derecha, una campaña digital agresiva, un medio propio para amplificar el mensaje y una red de contactos empresariales que financian la operación.
Relaciones personales: la esposa, la expareja y el patrón de violencia
La vida personal de Cerimedo es un reflejo de su vida profesional: opaca, contradictoria y salpicada de denuncias. Está casado con Natalia Basil, ingeniera química y empresaria, cofundadora de Numen y accionista de Compañía Sudamericana de Inversiones S.A. Según reportes periodísticos, Cerimedo habría iniciado una relación paralela con Basil mientras todavía estaba casado con su primera esposa, y esta habría descubierto el vínculo cuando Basil ya estaba embarazada.
Su relación con Nadia Beller, la abogada que lo acusó de intento de feminicidio, habría comenzado en 2025 y se habría extendido hasta agosto de 2026, con episodios de violencia denunciados por la propia víctima y confirmados por fuentes policiales. Cerimedo negó inicialmente que fueran pareja, luego admitió una “relación sentimental con muchas idas y vueltas”, y finalmente intentó reducir el vínculo a una simple amistad. La inconsistencia de su relato es, en sí misma, un dato relevante.
Un periodista argentino denunció públicamente que Cerimedo estafó a su familia en Mar del Plata por 35.000 dólares en una operación inmobiliaria fraudulenta hace más de una década. “Ese año estafó a mi familia en Mar del Plata, donde él residía”, escribió el conductor de “Intrusos” en su cuenta de X. La denuncia, aunque antigua, sugiere un patrón de comportamiento que se remonta mucho antes de su consagración como consultor de la ultraderecha.
La pregunta incómoda: ¿agente o peón?
La acusación de ser agente de la CIA es la más explosiva y la más difícil de probar. Evo Morales la lanzó sin aportar documentos, pero con la autoridad de quien fue presidente de Bolivia durante casi catorce años y tuvo acceso a información de inteligencia sobre operaciones extranjeras en su país. Nadia Beller la repitió ante la prensa, añadiendo detalles sobre “vuelos irregulares” y “negocios con personas al interior del Gobierno de Rodrigo Paz”.
Lo que sí está documentado es que Cerimedo operaba en el ecosistema de la ultraderecha estadounidense más dura: la cumbre del “Escudo de las Américas”, los vínculos con Marco Rubio, la sede de Numen en Florida, los contactos con empresarios cubanoamericanos de Miami. No hace falta ser un agente de Langley para operar como un activo útil a los intereses de Washington en la región. La distinción entre “agente” y “contratista” o “colaborador” es, en la práctica, difusa. Lo que importa es la función: desestabilizar gobiernos incómodos, amplificar narrativas favorables a la derecha, instalar marcos mentales que beneficien a los candidatos alineados con Estados Unidos.
Cerimedo no es el primer operador latinoamericano que juega ese rol. La historia reciente de la región está llena de consultores, publicistas y “expertos en comunicación” que circulan entre campañas y gobiernos con la fluidez de quien tiene un pasaporte y una carpeta de contactos. La diferencia es que Cerimedo cometió el error de dejar un rastro: una expareja que lo denunció, fotografías que lo muestran donde negaba estar, testimonios de ministros que admitieron su influencia, registros societarios que revelan un entramado empresarial opaco.
Tres opciones de conclusión
Opción 1: El peón desechable. Cerimedo fue un operador útil mientras sirvió a los intereses de la red. Su caída no fue un accidente: fue el resultado de su propia temeridad —una relación sentimental violenta, una acumulación de enemigos, un exceso de visibilidad— y de la conveniencia de quienes lo habían utilizado. Los gobiernos que lo contrataron se desvincularon en cuestión de horas, no porque ignoraran lo que hacía, sino porque su detención los exponía. La red sigue operando: Numen tiene otros clientes, La Derecha Diario tiene otros editores, Miami tiene otros consultores. Cerimedo es el engranaje que se rompe y se reemplaza.
Opción 2: El chivo expiatorio. La caída de Cerimedo es un golpe calculado para proteger a los verdaderos responsables. Su detención desvía la atención de los vínculos estructurales entre Washington y los gobiernos de la región, de las operaciones de inteligencia que utilizan consultores como pantalla, de los flujos de dinero que financian campañas y medios. Al encarcelar a un extranjero sin cargo formal, Bolivia y sus socios regionales pueden simular una limpieza sin tocar las redes de poder que lo sostuvieron. La pregunta no es quién es Cerimedo, sino quién lo protegió durante años y por qué ahora lo abandona.
Opción 3: El síntoma de una enfermedad estructural. El caso Cerimedo no es una anomalía, sino la manifestación visible de un fenómeno más profundo: la penetración de intereses extranjeros en los sistemas políticos latinoamericanos a través de consultorías, medios digitales y redes de influencia que operan en la frontera difusa entre lo legal y lo ilegal. La caída de un operador no resuelve el problema; lo visibiliza. Mientras existan gobiernos dispuestos a contratar servicios de dudosa procedencia, empresarios dispuestos a financiarlos y potencias dispuestas a utilizarlos, habrá nuevos Cerimedos dispuestos a ocupar el espacio que este deja vacío.
Este artículo se basa exclusivamente en información de dominio público: reportes periodísticos, documentos societarios, declaraciones ante la Fiscalía boliviana y testimonios recogidos por medios de comunicación. No se formula juicio de valor sobre la culpabilidad o inocencia del implicado, cuyo proceso judicial se encuentra en curso.
Colaborar
Puedes apoyar a tus escritores favoritos


Comentario (0)